Orden entre el caos

Son sólo primeras sensaciones, 24 horas en las que he visto ya cosas que no se me olvidarán nunca. La primera sensación de África se respira. Nairobi llega directamente al olfato. Autobuses destartalados y furgonetas repletas de personas, que a su paso tiñen de negro la atmósfera por la mala combustión de sus motores. En las aceras, gente. Comerciantes, niños, estudiantes, ancianos. Pasos rápidos, bicicletas cargadas y movidas con dificultad entre las rendijas que deja el asfalto, y coches. No hay normas, los semáforos rojos no cuentan, la ciudad vive en una permanente sensación de accidente. Es el reino del caos, siempre al filo de la catástrofe. Pero siempre encuentra un orden en el que finalmente todo parece funcionar.

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La bella polución

Madrid-skyline

Hacía días que llevaba detrás de fotografíar los atardeceres de Madrid y su peculiar dibujo. Un daltónico como yo no sabría concretar el color, pero distingue de sobra su peculiaridad. Me dijeron después que el tono lo coloreaba la polución, y el ‘bello atardecer’ se quedó en ‘bella polución’. No sé dónde estoy metido, pero la imagen me gustó y os la enseño. Está tomada en la rotonda que separa Hortaleza de Sanchinarro. ¡Ah! Aún no sé cuál es el color del horizonte. ¿Vosotros lo sabéis?

Hasta siempre, Iñaki

Aquella noche te conocí. Confirmé mis intuiciones, y me enorgulleció que me consideraras de los tuyos, que me abrieras tu corazón.

Eras un donostiarra de los clásicos, de los de la cuadrilla de amigos de la niñez que, 50 años después, seguían cenando juntos el primer miércoles de cada mes. Eras cauto, prudente, sosegado; fruto quizá de una vida intensa de trabajo como jefe de importantes empresas guipuzcoanas a la que un infarto te había obligado a renunciar. Eras educado, de una extraordinaria formación. Hablabas francés y euskara, además del castellano, y no te costaba aprender nuevos idiomas como los de internet. Fanático de la Real, a punto estuviste de recibir aquella insignia de oro y brillantes por ser uno de los socios más antiguos de un equipo que, aun en Segunda, nunca dejaste de lado.

Fue en Valencia, en una noche en que tu Mamen y mi Nere se fueron a dormir a sus habitaciones del NH Las Artes y me invitaste a una copa en una silenciosa barra de hotel. Me contaste tu vida con sinceridad mientras yo atendía con atención aquellas enseñanzas de un vasco reservado que contaba a un chavalín cómo el amor por una valenciana le llevaba –fin de semana sí, fin de semana también– a más de 10 horas de coche de los de antes sólo para verla unos minutos. Después, descansabas y te volvías al norte, desde Valencia. Tenías que trabajar.

Me contaste tu profesión, tus viajes, tus errores. Todo durante una copa pausada, sentados en las sillas altas del bar del hotel. Me hubiera gustado haber tenido más noches, aunque aquélla me sirvió para conocerte.

“Sube, que es tarde y Nerea te estará esperando”, me dijo. No eran horas, pero, a pesar de que el día siguiente amanecíamos temprano, la charla de madrugada mereció la pena.

El destino quiso que te fueras demasiado pronto, injustamente pronto, pero la vida es tan injusta como impredecible, y tu salud no pudo superar a la enfermedad. Han sido 365 días tristes, aunque me alegra mucho haberte conocido y que tú te hayas dejado conocer.

Donde estés, Iñaki, cuídate mucho. Un abrazo enorme.

Las cejas, dos euros

Después de pasear con Nere por diversos territorios nacionales y comprobar su fijación por peluquerías, tiendas de belleza y la tarifa de precios, presente siempre en los escaparates, me he dado cuenta de que no hay mejor manera de calibrar la calidad de vida de cada lugar que comparando el precio de la depilación femenina de cejas y bigotes. Ni el metro cuadrado de la vivienda ni los niveles de desempleo. Las cejas.

En Santiago de Compostela, donde nos encontramos desde ayer domingo, Nere ha encontrado el mejor precio: “¡2 euros!”, me grita entre sorprendida y emocionada. “Ni siquiera Badajoz era tan barato”. En Donosti te cobran 6 euros y en Madrid, por lo general, 5. Si alguien vive en una ciudad en la que depilen por debajo de 2 euros, por favor, ruego que me lo diga. Hasta entonces, que sepáis que Santiago encabeza el ranking de ciudades con mayores niveles de calidad de vida. Porque yo lo valgo.

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Las piedras y el silencio

Dia III. Nueve y cincuenta y uno de la mañana. Al borde de la cama, desde la ventana veo el prau y al fondo, el horizonte azul del mar asturiano. Ayer fuimos de playas. Por esta zona occidental de Asturias las playas son poco accesibles. La costa se mezcla con el mar, los acantilados son enormes y los senderos hasta el agua, difíciles de recorrer. Por la mañana anduvimos unos 4 ó 5 kilómetros hasta llegar una pequeña playa de piedras, rocas y cuevas. Media hora larga desde el hotel El Fornón de Novellana. Meterse en las frías aguas cantábricas fue como una carrera de obstáculos, aunque mereció la pena. A mediodía, visitamos Cudillero, la ‘capi’ del concejo, con el encanto típico de un pueblo marinero y algo más de ambiente por sus callejuelas. Comimos, y vuelta a nuetra sede, desde donde partimos a la Playa del Silencio, un precioso rincón libre de estrés donde nos dejamos caer hasta que la noche cayó sobre nosotros entre libros, hamburguesas de pavo y queso y partidas de cartas.