Hasta siempre, Iñaki

Aquella noche te conocí. Confirmé mis intuiciones, y me enorgulleció que me consideraras de los tuyos, que me abrieras tu corazón.

Eras un donostiarra de los clásicos, de los de la cuadrilla de amigos de la niñez que, 50 años después, seguían cenando juntos el primer miércoles de cada mes. Eras cauto, prudente, sosegado; fruto quizá de una vida intensa de trabajo como jefe de importantes empresas guipuzcoanas a la que un infarto te había obligado a renunciar. Eras educado, de una extraordinaria formación. Hablabas francés y euskara, además del castellano, y no te costaba aprender nuevos idiomas como los de internet. Fanático de la Real, a punto estuviste de recibir aquella insignia de oro y brillantes por ser uno de los socios más antiguos de un equipo que, aun en Segunda, nunca dejaste de lado.

Fue en Valencia, en una noche en que tu Mamen y mi Nere se fueron a dormir a sus habitaciones del NH Las Artes y me invitaste a una copa en una silenciosa barra de hotel. Me contaste tu vida con sinceridad mientras yo atendía con atención aquellas enseñanzas de un vasco reservado que contaba a un chavalín cómo el amor por una valenciana le llevaba –fin de semana sí, fin de semana también– a más de 10 horas de coche de los de antes sólo para verla unos minutos. Después, descansabas y te volvías al norte, desde Valencia. Tenías que trabajar.

Me contaste tu profesión, tus viajes, tus errores. Todo durante una copa pausada, sentados en las sillas altas del bar del hotel. Me hubiera gustado haber tenido más noches, aunque aquélla me sirvió para conocerte.

“Sube, que es tarde y Nerea te estará esperando”, me dijo. No eran horas, pero, a pesar de que el día siguiente amanecíamos temprano, la charla de madrugada mereció la pena.

El destino quiso que te fueras demasiado pronto, injustamente pronto, pero la vida es tan injusta como impredecible, y tu salud no pudo superar a la enfermedad. Han sido 365 días tristes, aunque me alegra mucho haberte conocido y que tú te hayas dejado conocer.

Donde estés, Iñaki, cuídate mucho. Un abrazo enorme.

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Un comentario en “Hasta siempre, Iñaki

  1. Gracias piki. Todo el mundo que le conoció le echamos mucho de menos y hoy es un día dificil, tendrás que aguantarme.
    Aita estés donde estés, te quiero.

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