Las piedras y el silencio

Dia III. Nueve y cincuenta y uno de la mañana. Al borde de la cama, desde la ventana veo el prau y al fondo, el horizonte azul del mar asturiano. Ayer fuimos de playas. Por esta zona occidental de Asturias las playas son poco accesibles. La costa se mezcla con el mar, los acantilados son enormes y los senderos hasta el agua, difíciles de recorrer. Por la mañana anduvimos unos 4 ó 5 kilómetros hasta llegar una pequeña playa de piedras, rocas y cuevas. Media hora larga desde el hotel El Fornón de Novellana. Meterse en las frías aguas cantábricas fue como una carrera de obstáculos, aunque mereció la pena. A mediodía, visitamos Cudillero, la ‘capi’ del concejo, con el encanto típico de un pueblo marinero y algo más de ambiente por sus callejuelas. Comimos, y vuelta a nuetra sede, desde donde partimos a la Playa del Silencio, un precioso rincón libre de estrés donde nos dejamos caer hasta que la noche cayó sobre nosotros entre libros, hamburguesas de pavo y queso y partidas de cartas.

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