Carlos

Carlos Llamas

Llevo dos años salseando en un periódico, pero, por encima de todo, siempre he amado la radio. Quienes me conocen saben que la tengo en la cocina, en la sala y en el cuarto de baño, y que duermo intranquilo si no la tengo de fondo. Buena parte de esa pasión por ella me la contagió Carlos Llamas, una persona excepcional que contagiaba su pasión, su sinceridad y su llanura. Su fuerza me hizo desde hace mucho acostarme antes, a eso de las 10.30 u 11, para poder escucharle en mi cuarto, en la oscura tranquilidad, tumbado bajo las sábanas de Irún, o de Pamplona, o de Badajoz. Prefería eso a la televisión, o a internet, o a estudiar. Su voz transmitía mucho más de lo que decía. Recuerdo con cariño cómo la mañana después hablaba con mi madre sobre el ‘Hora 25’ del día anterior. Ella también era fiel seguidora de Carlos. Cuando en la universidad empecé los primeros escarceos con el micrófono, pensaba cómo sería trabajar con él en Gran Vía 32. Un amigo y compañero universitario tuvo esa suerte. En verano, durante unos meses, pudo hacer sus prácticas allí, en la SER, y llegó a participar en ‘Hora 25’, uno de los buques insignia de la historia democrática de la radio. Le preguntaba a mi amigo cómo era Carlos, y me lo imaginaba desde entonces como él me lo había descrito: algo desordenado, siempre pegado a unos guiones que leía hasta el tiempo de la tertulia, fumador y con problemas de vista. No sé si será verdad o mentira, pero me lo imaginaba desde entonces así. Ésa es la magia de la radio incluso hoy, cuando todo se puede comprobar en internet. Hace un tiempo dejó las ondas. Estuvo 8 meses en silencio, mientras miles como yo nos preguntábamos qué sería de él, insustituible. El día que volvió yo fui feliz. Al oirle de nuevo, no pude quitarme la piel de gallina. La entrevista que le hizo Jose Ramón de la Morena acabó por producirme escalofríos y una gran felicidad por él y su recuperación. Después, volvió a desaparecer hasta hoy. Sólo quiero darte las gracias, Carlos, por contagiarme el amor por la radio y por darme durante tantas noches la mejor de tus compañías. Descansa, estés donde estés.

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