Bancos, cajas y chorizos

Parecerá por el titular que estoy llamando ‘ladrones’ a quienes manejan los hilos del sector bancario, pero siento decepcionaros. No seré yo quien lo haga. Solamente hago uso de una palabra que hoy mismo me ha mencionado un empleado de una caja. “Sólo nos falta vender jamones y chorizos”, dice. Tiene razón. Tienen el dinero y tienen el poder para gobernarnos a todos nosotros como a ovejitas, sin que ninguno de nosotros podamos hacer nada más que colaborar con ellos o usar el viejo método, el de los billetitos bajo el colchón, que aunque no genera un pírrico interés bancario, duerme calentito bajo nosotros.

Lo de los chorizos -dobles lecturas aparte- me lo comentaba cuando, después de responder a una serie de dudas del día a día, me retenía en la oficina para tratar de venderme una póliza de seguro para mi coche. Queda muy poquito para que desde el banco podamos contratar seguros, líneas telefónicas, comprar coches, casas, contratar vacaciones y hacer la compra, todo en uno. Y todo con el dinero que no tenemos y que tiene, evidentemente, nuestro querido banco.

La bella polución

Madrid-skyline

Hacía días que llevaba detrás de fotografíar los atardeceres de Madrid y su peculiar dibujo. Un daltónico como yo no sabría concretar el color, pero distingue de sobra su peculiaridad. Me dijeron después que el tono lo coloreaba la polución, y el ‘bello atardecer’ se quedó en ‘bella polución’. No sé dónde estoy metido, pero la imagen me gustó y os la enseño. Está tomada en la rotonda que separa Hortaleza de Sanchinarro. ¡Ah! Aún no sé cuál es el color del horizonte. ¿Vosotros lo sabéis?

Hasta siempre, Iñaki

Aquella noche te conocí. Confirmé mis intuiciones, y me enorgulleció que me consideraras de los tuyos, que me abrieras tu corazón.

Eras un donostiarra de los clásicos, de los de la cuadrilla de amigos de la niñez que, 50 años después, seguían cenando juntos el primer miércoles de cada mes. Eras cauto, prudente, sosegado; fruto quizá de una vida intensa de trabajo como jefe de importantes empresas guipuzcoanas a la que un infarto te había obligado a renunciar. Eras educado, de una extraordinaria formación. Hablabas francés y euskara, además del castellano, y no te costaba aprender nuevos idiomas como los de internet. Fanático de la Real, a punto estuviste de recibir aquella insignia de oro y brillantes por ser uno de los socios más antiguos de un equipo que, aun en Segunda, nunca dejaste de lado.

Fue en Valencia, en una noche en que tu Mamen y mi Nere se fueron a dormir a sus habitaciones del NH Las Artes y me invitaste a una copa en una silenciosa barra de hotel. Me contaste tu vida con sinceridad mientras yo atendía con atención aquellas enseñanzas de un vasco reservado que contaba a un chavalín cómo el amor por una valenciana le llevaba –fin de semana sí, fin de semana también– a más de 10 horas de coche de los de antes sólo para verla unos minutos. Después, descansabas y te volvías al norte, desde Valencia. Tenías que trabajar.

Me contaste tu profesión, tus viajes, tus errores. Todo durante una copa pausada, sentados en las sillas altas del bar del hotel. Me hubiera gustado haber tenido más noches, aunque aquélla me sirvió para conocerte.

“Sube, que es tarde y Nerea te estará esperando”, me dijo. No eran horas, pero, a pesar de que el día siguiente amanecíamos temprano, la charla de madrugada mereció la pena.

El destino quiso que te fueras demasiado pronto, injustamente pronto, pero la vida es tan injusta como impredecible, y tu salud no pudo superar a la enfermedad. Han sido 365 días tristes, aunque me alegra mucho haberte conocido y que tú te hayas dejado conocer.

Donde estés, Iñaki, cuídate mucho. Un abrazo enorme.

Las cejas, dos euros

Después de pasear con Nere por diversos territorios nacionales y comprobar su fijación por peluquerías, tiendas de belleza y la tarifa de precios, presente siempre en los escaparates, me he dado cuenta de que no hay mejor manera de calibrar la calidad de vida de cada lugar que comparando el precio de la depilación femenina de cejas y bigotes. Ni el metro cuadrado de la vivienda ni los niveles de desempleo. Las cejas.

En Santiago de Compostela, donde nos encontramos desde ayer domingo, Nere ha encontrado el mejor precio: “¡2 euros!”, me grita entre sorprendida y emocionada. “Ni siquiera Badajoz era tan barato”. En Donosti te cobran 6 euros y en Madrid, por lo general, 5. Si alguien vive en una ciudad en la que depilen por debajo de 2 euros, por favor, ruego que me lo diga. Hasta entonces, que sepáis que Santiago encabeza el ranking de ciudades con mayores niveles de calidad de vida. Porque yo lo valgo.

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La rentabilidad de la Gripe A

No suelo hablar aquí de la actualidad, pero el virus NH1H ha acabado por contagiarlo todo. También mi blog. Al desmesurado tratamiento informativo que tanto está colaborando al alarmismo general de la sociedad (contando uno por uno en letras grandes todos y cada uno de los muertos por la gripe) se unen los intereses comerciales y económicos que todos sospechábamos. Un breve documental de Julián Alterini colgado en youtube pone en orden todas esas cosas que no hacen más que confirmar que los políticos juegan con nosotros, se ríen de nosotros y se aprovechan de nosotros, utilizando además lo más elemental del ser humano, su salud.

Aconsejo que le echéis un ojo, no sólo por ver esos oscuros intereses de la gripe, sino para rebajar el grado de alarmismo: ni nos vamos a morir todos, ni se va a acabar el mundo. Aunque, eso sí, colaboraremos a que la industria farmacéutica tenga que despedir a menos trabajadores, que los periódicos agoten sus tiradas como un oasis en medio del desierto de ventas y a que algunos llenen sus bolsillos de dinero público mientras la población busca cual yonki desesperado su dosis de tamiflu.

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