Parecerá por el titular que estoy llamando ‘ladrones’ a quienes manejan los hilos del sector bancario, pero siento decepcionaros. No seré yo quien lo haga. Solamente hago uso de una palabra que hoy mismo me ha mencionado un empleado de una caja. “Sólo nos falta vender jamones y chorizos”, dice. Tiene razón. Tienen el dinero y tienen el poder para gobernarnos a todos nosotros como a ovejitas, sin que ninguno de nosotros podamos hacer nada más que colaborar con ellos o usar el viejo método, el de los billetitos bajo el colchón, que aunque no genera un pírrico interés bancario, duerme calentito bajo nosotros.
Lo de los chorizos -dobles lecturas aparte- me lo comentaba cuando, después de responder a una serie de dudas del día a día, me retenía en la oficina para tratar de venderme una póliza de seguro para mi coche. Queda muy poquito para que desde el banco podamos contratar seguros, líneas telefónicas, comprar coches, casas, contratar vacaciones y hacer la compra, todo en uno. Y todo con el dinero que no tenemos y que tiene, evidentemente, nuestro querido banco.


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